Nuestros Pasteles de Nata son dorados, con una masa fina y crujiente que envuelve un relleno aterciopelado. Saben aún mejor calientes, según aseguran los clientes que se llenan la ropa de migas de felicidad.
¡Y hacemos muchos, porque desaparecen rápido!
Cada hornada es una obra de arte. Desde la masa moldeada a mano hasta la dosis perfecta del relleno, la dedicación que ponemos en cada pastel de nata está a la vista de todos. Siempre calientes, siempre recién salidos. Listos para comer.
…y llegaron con algunos menos.
El Pastel de Nata forma parte de la vida de quienes nos visitan. Es el descanso perfecto a mitad de una jornada de trabajo, el respiro para recuperar energías mientras se hace la compra, el sabor que queda del descubrimiento de Portugal. Para comer allí mismo o para llevar a casa, ya sea al otro lado del mundo o al otro lado de la calle.
Venid, que están calientitos
El sabor de la felicidad está más cerca de lo que imaginas. En Lisboa, Oporto, Braga, París, Madrid o Macao, siempre hay una hornada recién hecha esperándote. ¡Nos vemos en un momento!